Una historia para ser contada… y cantada
Los grandes aniversarios corporativos se consideran en general una oportunidad para reforzar la reputación y la presencia de marca. Al fin y al cabo, los humanos creemos que hay un mérito intrínseco en resistir la prueba del tiempo y damos por sentado que todo cumpleaños es feliz. Sin embargo, del lado de la agencia de publicidad y mercadeo, no es tan fácil hacer de la ocasión una verdadera oportunidad.
En los aniversarios hay mucho de una exaltación del pasado que puede no ser tan significativa para las audiencias externas, especialmente para las más jóvenes. Solo logrando una verdadera conexión entre el presente y el futuro, es posible acercarse a un producto comunicacional capaz de conmover. Dicho de otra forma, tener una larga historia no es suficiente para construir un mensaje con sentido e impacto. El desafío es encontrar una manera única, actual y atractiva de contar la historia del cumpleañero.
En busca del valor
Con estas premisas en mente asumimos la tarea de crear un concepto creativo que sirviera de eje para conmemorar el primer centenario de Mercantil. Hablamos, nada más y nada menos, que de la segunda institución financiera en activo más antigua del país, celebrando una cifra que resuena y tiene peso específico: 100 años.
Sin embargo, en Goodman abordamos el reto partiendo de una visión propia sobre el acontecimiento: cumplir años, incluso un siglo, no es necesariamente un mérito. O al menos no es el más importante.
Lo realmente valioso no es el número de años que se cumplen, sino lo que cada quien hace con ese recurso fundamental que es el tiempo. Al fin y al cabo, Mozart murió a los 35 años.
Y nos hicimos, entonces, algunas preguntas clave: ¿Qué le permite a una empresa atravesar un siglo sin ver manchado su buen nombre, sin ser arrastrada por las crisis bancarias, sin dejar de cosechar éxitos, sin dejar de crecer y de aprovechar oportunidades?
¿Qué es, en definitiva, lo que permanece inmutable mientras todo cambia alrededor?
¿Son los grandes hechos como, por ejemplo, la inauguración de sedes, los acuerdos internacionales, los balances de cuentas positivos, el lanzamiento de nuevos productos o los avances tecnológicos?
¿O, más bien, es algo que tiene que ver con códigos de conducta a menudo no escritos, con un sentido del negocio que no se deja tentar por prácticas poco transparentes y por un convencimiento de que son parte sustancial del desarrollo del país?
La respuesta la encontramos al profundizar en la historia de Mercantil, es decir al conocer el talante de los fundadores, al descubrir la importancia de los grandes proyectos civiles en que se involucró o al constatar los aportes que consistentemente realizó la institución a diversas causas sociales, principalmente en materia educativa.
Todo ello, nos dijimos, configura lo que podemos llamar un estilo, una manera de ser y de estar, un conjunto de valores compartidos y transmitidos de generación en generación. Eso era, en definitiva, lo que debía orientarnos para descubrir una manera propia de contar la historia de Mercantil y lo plasmamos en una frase destinada a servir de paraguas a toda la celebración:
Las historias fundacionales de nuestra cultura, como la Ilíada de Homero, fueron escritas para ser cantadas. ¿Por qué? Porque lo que se cuenta cantando tiene siempre el potencial de ser recordado, apropiado y repetido por quienes lo escuchan.
Con Mercantil planteamos que una pieza clave, por su versatilidad en el conjunto de la batería comunicacional del aniversario, debía ser una canción que contara en detalle sus cien años: es decir “La historia que vale”.
Y desde el momento en que nos sentamos a escribir, lo hicimos pensando en unas voces y un ritmo radicalmente contemporáneos, que rompieran con el tono predecible, almibarado o “corporativo”. Iniciamos por una declaración de principios:
Cumplimos un siglo, pero lo que importa
no son las cien velitas en la torta
Cumplimos un siglo, pero nuestra gloria
no está en tener cien años de historia
Porque la historia que vale, la historia que cuenta
no es la que se refleja en las cuentas
Porque la historia que vale, la historia que trasciende
es la que en cada cliente se enciende.
¡Bingo! La canción comenzó a enriquecer nuestra propuesta con esa idea central: la historia por contar no era la del éxito del propio banco; sino la de sus clientes y de la sociedad toda en la que se sembró para crecer.
Es la historia de ustedes
Es la historia de sus padres y la de sus abuelos
La de todos los que con Mercantil… ¡emprendieron vuelo!
Y llegó entonces el punto de sintetizar en unas pocas rimas todo lo ocurrido en largas décadas de trabajo y compromiso con el país:
Nacimos en blanco y negro, pero siempre soñando en colores
sabiendo que lo importante no es el dinero, que lo importante son los valores
La Venezuela del siglo veinte desde un principio confió en nuestra gente
allí encontramos la fuerza, allí encontramos el impulso
que hasta hoy mantiene latiendo nuestro pulso
Y así nos convertimos en constructores de un país:
apoyamos obras, apoyamos sueños, apoyamos proyectos
y hoy podemos afirmar… ¡que hicimos lo correcto!
Esencial era relatar la gran transformación de Mercantil desde su carácter de banco nacional en el siglo XX, al gran grupo financiero internacional que irrumpió en el siglo XXI bajo su marca:
Y podemos decir sin que nos quede nada por dentro
que entre Mercantil y Venezuela se produjo un gran encuentro
Que crecimos juntos, que nos volvimos uno
para entrar a lo grande en el siglo veintiuno
Fue así que llenos de fuerza salimos al mundo
sellamos pasaporte, cruzamos la frontera
¿Si lo hicimos adentro, por qué no podemos hacerlo afuera?
Allí donde llegamos pudimos demostrar
que tenemos estilo, que tenemos lo que hace falta:
una manera de trabajar que se convierte en confianza.
Todo para cerrar con palabras que mostraran el hilo invisible que teje pasado, presente y futuro:
Desde el cielo sonríen nuestros fundadores
Nos dicen: sigan adelante, aceleren los motores
Que nada los detenga, que siga creciendo nuestra presencia
El éxito es nuestro si mantenemos nuestra esencia
Cumplimos 100 años y hoy les aseguro
que estamos llenos de historia… ¡pero también de futuro!
Con Inteligencia Artificial y talento natural
Darle música, voces e imágenes a esta letra fue un proceso apasionante en donde la Inteligencia Artificial se constituyó en una herramienta de enorme utilidad. Con ella, por ejemplo, pudimos experimentar diversos estilos musicales generando maquetas sonoras muy aproximadas a los que podría ser un producto final. Experimentamos desde el rap más rudamente callejero hasta todo tipo de versiones más cercanas al pop o a otros géneros de la música urbana, hasta dar con una idea que convenció tanto al cliente como a nosotros.
Sabiendo ya lo que buscábamos, apuntamos a la movida musical caraqueña más joven y underground en busca de aliados. Allí encontramos a quienes ejecutarían la idea: Carlos “Colibrí” Linares, Andy Villamediana y Julio Zamora. Ellos compusieron la música definitiva, la orquestaron y propusieron las voces a cargo del canto: María Paula “Maripau” Rojas y May Balance.
Teníamos, pues, la banda sonora de los 100 años de Mercantil, y tocaba entonces darle el correspondiente respaldo visual. El material de base eran los archivos históricos compuestos mayormente por fotografías, muchas de ellas en blanco y negro, mostrando edificaciones emblemáticas, directivos o empleados o antiguas versiones del logotipo, amén de algunas piezas publicitarias antiguas. ¿Cómo podíamos darle, color, movimiento y un significado acorde con la canción?
La respuesta estuvo, esta vez sí para generar un resultado final, en el uso intensivo de la Inteligencia Artificial. Los rostros de los fundadores adquirieron vida, recreamos escenarios históricos animados, convertimos viejas fotos de oficina en momentos vívidos, generamos múltiples time-lapse para expresar procesos de crecimiento y hasta creamos diversos personajes, incluyendo a los que dieron rostro a las voces de la canción.
Un concepto lleno de valor
El concepto “La historia que vale” sirvió de título y dio sentido de unidad a múltiples publicaciones y actividades ligadas al aniversario, tanto en Venezuela como en Panamá, enviando siempre un mensaje que para el cliente era sustancial: los valores son la esencia de Mercantil. Así pudo apreciarse en una exposición museográfica móvil sobre los grandes hitos en la historia de Mercantil y en diversas ambientaciones de eventos conmemorativos, incluyendo el concierto sinfónico ofrecido en el Centro de Acción Social por la Música, el acto de reconocimiento por años de servicio a empleados de la organización y la eucaristía de acción de gracias en ocasión del aniversario.
“La historia que vale” fue una oportunidad extraordinaria no solo para avanzar en el descubrimiento de todas las posibilidades que nos viene abriendo la IA, sino y sobre todo para descubrir que incluso en eventos de marca que para algunos pueden lucir rutinarios, es posible aportar un enfoque creativo que verdaderamente agregue valor a la comunicación.